8 curiosidades que quizás desconocías de las cosquillas

Las cosquillas pueden ser lo más divertido del mundo o una de las mayores torturas, pero ¿por qué? ¡Con estas 8 curiosidades sobre las cosquillas entenderás cómo funcionan!

Una de nuestras reacciones más descontroladas e irracionales es, sin lugar a dudas, la que tenemos cuando nos las  hacen. Nos reímos, lo pasamos mal, nos enfadamos, pegamos golpes sin darnos cuenta... ¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando nos hacen cosquillas? ¿Por qué reacciona así nuestro cuerpo? Te descubrimos 8 interesantes curiosidades sobre las cosquillas que seguramente no sabías. Además, ¡te contamos un truco para evitarlas!

  1. Son un mecanismo de defensa

    Cuando te hacen cosquillas tu cerebro recibe un estímulo en las fibras que causan el dolor. Las cosquillas son en realidad un mecanismo de autodefensa del organismo. Nuestro instintos más primitivos se despiertan con estos gestos, y obligan a nuestro cuerpo a reaccionar ante una situación de peligro como puede ser el ataque de un escorpión o una araña caminando sobre nuestro cuerpo.

  2. Existen dos tipos de cosquillas

    Aquellas que cumplen con la función de avisar sobre la presencia de un peligro se denominan "knismesis". Dan una sensación de hormigueo y picor desagradable. Las que nos hacen reír se llaman "gargalesis" y las experimentamos principalmente los humanos y los primates. Su función es fomentar vínculos sociales y familiares entre las personas, así como fortalecer los lazos.

  3. Los animales también las tienen

    Tras varios estudios científicos se ha demostrado que animales como los primates, las ratas, los perros o las aves comparten la misma sensación placentera de cosquilleo con los humanos. De la misma manera que nosotros, los animales las usan para establecer vínculos sociales con los demás miembros de su especie, y las introducen en sus juegos. Cuando están expuestos a las cosquillas liberan dopamina, que está relacionada con las emociones de placer.

  4. Pueden ser usadas como tortura

    Producen una actividad en el cerebro a la que responden las neuronas inmediatamente manifestándose a través de movimientos corporales bruscos y risas nerviosas. Estas reacciones pueden interferir en los músculos que controlan la respiración de manera involuntaria y causar espasmos y asfixia. En el caso de las personas con dolencias en el corazón, el estrés que les provoca puede causar un fallo cardíaco. No son consecuencias comunes de las cosquillas por suerte, pero sí se han usado como tortura. En la Roma Antigua se ataba a las personas por los tobillos para luego mojarles los pies y cubrirlos de sal, con el propósito de que las cabras los lamieran hasta hacer heridas. Y en la Edad Media las usaban como tortura porque no dejan marcas.

  5. La fobia a las cosquillas existe

    Fobia a las cosquillas con pluma

    Y tiene incluso un nombre para denorminarla: pteronofobia. La definición exacta se refiere a la fobia específica que se traduce por el miedo injustificado, anormal y persistente a recibir cosquillas con plumas. Como todas las fobias, esta se manifiesta con ansiedad, temor, pánico, sudoración, dificultad para respirar, aceleración del ritmo cardíaco, temblores...

  6. No podemos hacernos cosquillas a nosotros mismos

    Efectivamente, esto es imposible porque el cerebro reacciona ante las cosquillas como un mecanismo de protección. Al ser consciente de que va a ser sometido a ellas no las interpreta como una amenaza y por eso no reacciona ante nuestras propias manos. Es imposible sorprendernos a nosotros mismos y la sorpresa es uno de los factores más importantes de las cosquillas.

  7. Tenemos más cosquillas en un pie que en el otro

    Concretamente, en el pie derecho la mayoría de las personas siente más cosquillas que en el izquierdo. Según los estudios científicos llevados a cabo sobre este tema, se debería a que el hemisferio izquierdo del cerebro, que es el que detecta los estímulos que se dan en el pie derecho, está conectado e implicado en las emociones y sentimientos positivos, como es la risa.

  8. Buenas noticias: se pueden evitar

    Como se basan en gran parte en el efecto sorpresa y en la incertidumbre de cuándo o en qué parte del cuerpo se van a dar, una investigadora británica propone que pongamos nuestras manos encima de aquellas que nos van a hacer cosquillas para reducir el efecto. De esta manera tu cerebro puede predecir mejor la sensación de sus manos, lo que le permitirá suprimir el cosquilleo y protegerte de la respuesta normal que da tu cuerpo cuando le hacen cosquillas.

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